“Yo protesté por el sistema, porque no es bueno ni igualitario”

Víctor Pinto estuvo detenido 25 días por supuestamente portar 14 bombas molotov en una de las protestas que hubo en Calama en el marco del estallido social. En junio de este año le informaron que su causa no perseveraría. Nunca hubo pruebas en su contra.

Víctor Pinto Trigo nació en Antofagasta, pero de los dos años vive en Calama, en la población Alemania. Su enseñanza media la desarrolló en el liceo Eleuterio Ramírez, desde donde participó en las marchas de la Revolución Pingüina motivado por el alto sentido social que le fue inculcado por su familia. Ha participado en distintas movilizaciones ciudadanas, una de estas fue para el estallido social, donde fue detenido por Carabineros y procesado por supuestamente portar 14 bombas molotov.

El día de su detención comenzó así…

Me fui en mi auto a Punta de Rieles con Balmaceda, ahí lo dejé. Salí de mi casa tipo 11 de la mañana y me fui a marchar. Fue el 12 de noviembre, en día del “Paro Nacional”. Ahí hubo la mayor convocatoria en Calama, la ciudad se movilizó, porque Balmaceda se llenó desde el mismo mall hasta Central Norte. Había mucha gente.

Me junté con los niños de la U, un grupo de hinchas de la Universidad de Chile.  Empezamos a marchar y hacer barricadas, no permitimos el paso a Chuquicamata, a la Circunvalación y de Huaytiquina íbamos parando todo el tránsito.

Ese día marchamos todo Calama, yo recorrí toda la ciudad, desde la salida sur a la salida norte, desde Circunvalación con Huaytiquina hasta el minero que está afuera. Pasamos por Balmaceda, seguimos por Simón Bolívar, Granaderos, llegamos a la plaza, porque había gente esperándonos, después subimos por Ramírez hasta Balmaceda hacia el sur, bajamos por Ecuador, tomamos O’Higgins y de ahí llegamos al minero. Cerramos todas las pasadas desde Antofagasta hacia Calama.

¿Vieron presencia policial en todo ese recorrido?

Nada, éramos muchos. Ellos llegaron en la noche, cuando éramos menos.

¿Hasta qué hora duró estar en la entrada sur de Calama?

Estuvimos como una hora ahí, en cerrar todo el camino, hacer barricadas y después nos devolvimos por O’Higgins.  Llegamos nuevamente a la plaza y ahí nos quedamos, eran como las 16.30 y la represión llegó como a las 20.30, ya no quedaba mucha gente y llegaron con mucha fuerza.

¿Qué pasó en ese momento?

Yo tengo seis hermanas y protejo mucho a la mujer, no me gusta que le hagan nada delante mío, no la pueden agredir porque salgo de inmediato en su defensa. Eso me lo enseñó mi viejo, a una mujer no se le pega, no se le maltrata.

Y llegaron con tanta fuerza y le pegaron a una mujer y me enojé mucho. La tomé, tenía su carita con sangre y me entró la rabia, llegaron con mucha fuerza, había gente con coches y tuvieron que arrancar porque ellos tiraban sus humos.  

Llegaron a la plaza, combatimos un rato ahí, después subí a calle Latorre, ahí combatimos de nuevo porque había un carro  y ese fue mi error, subir. Seguí por Vivar y ahí habían otros más y seguí subiendo y después me devolví y me quedé atrapado entre Vivar y Latorre. Había hombres y mujeres.

Me tenían  identificado por la camiseta de la U  y cuando me detuvieron  empezaron altiro: -aquí pillamos al chuncho tal por cual, me pegaron de una,  en la espalda tenía siete lumazos, marcaditos, yo no los sentí en ese rato.  Cuando entré al carro policial había un hombre gigante, no le sé el nombre, pero si lo veo me acuerdo. Me bota y me pone las botas de servicio en mi cara, en mi cabeza. Yo me las trataba de sacar y lo pude hacer, porque le pesco el pie y casi se cae. No fue para más, ese tipo se tiró encima de mí y me pego hasta más no poder.

Me pegaron mucho, primero en el furgón y cuando entré a la comisaría empezaron a decir: -aquí pillamos al chuncho culiao, aquí lo pillamos. Y cuando estábamos como en un corral para los detenidos del estallido, ahí me dicen: -ya pu ven, chuncho ven. ¿Así que nos querías quemar? Jamás me voy a olvidar de ese paco y yo le dije: -qué te pasa, qué onda, yo estaba en la protesta.  Y dice: – ah, este es el weon que nos quería quemar y me manda altiro un charchazo, no me acuerdo de nombres, pero sí de las caras.

Me dijeron que querían ir a allanarme la casa, a lo que les contesté que lo hicieran, porque no iban a encontrar nada.   Me llevaron al calabozo y me dicen que estoy detenido porque los quería quemar.

En el calabozo estaba solo porque los detenidos del estallido estaban en el corral. Ahí todos los pacos se ponen de acuerdo,  pasaban y decían: ah mira este es el weon que nos estaba tirando las molotov, si este es el weon.

La abogada que estaba de defensora pública me preguntó si yo había tirado las molotov y yo insistí que no, pero me recalcaba que tenía que firmar porque todos me culpaban.

Como a la una de la madrugada, mis hermanas preguntaron en la comisaría por Víctor Pinto y yo no existía. Un amigo salió y dijo que yo estaba adentro.

Ellos no decían que estaba detenido.

Me hicieron constatar lesiones, pero la señora del SAR no anotó todo. Me dolían hasta las muñecas, tanto que me apretaron, de hecho, esas marcas (las muestra)  son de las esposas que me apretaron.  Ella anotó dos rayas en la espalda y eran como siete, una contusión en la pierna. Y tenía moretones por todas partes…

Volví a la comisaría y la abogada me insistía que firmara, porque al otro día debía pasar a tribunales. Me alteré con ella, porque yo le decía que no había sido. Después llegó un paco y por cansancio firmé y como que asumí que yo había tirado las bombas molotov.

Al otro día fui al tribunal y el abogado nos dice a todos los que estábamos detenidos -éramos como once más o menos-, que pasábamos a control y a los otros los soltaron de una y me dice: – Víctor Pinto y Víctor (no recuerdo su apellido) arriesgan prisión preventiva.  

En ese momento  como que me dio algo en la guata y le digo: estimado, porque voy arriesgar prisión preventiva si a mí me detuvieron… Y me responde: -aquí dice que portabas 14 bombas molotov y querías quemar…

Lo interrumpí para decirle que hiciera lo posible y lo imposible para sacar eso, porque yo no había sido.  

Llevaba más de 24 horas sin comer y estaba en la audiencia y me preguntan si estaba de acuerdo. El abogado me indicó que dijera que sí. En ese momento no escuchaba ni entendía nada.

Después escucho: -Víctor Pinto, se declara culpable y es un peligro para la sociedad, se declaran sesenta días para la investigación, prisión preventiva. Y ahí me morí y le dije al abogado: -qué pasa, dile algo y me responde: prisión preventiva, no pude hacer más.  

Me volví loco y miro al gendarme y le pregunto: ¿voy a ir a la cárcel? Y me dice: ¿que querí que te lleve a un hotel?

Y me toma y no lo entendía. Me dijo sácate la ropa que te voy a ver todos tus tatuajes, la ficha de cana y empezaron a tratarme mal…

¿Cuántos días estuviste en prisión preventiva?

Estuve 25 días privado de libertad. El primero fue difícil, no lo podía creer.  Te clasifican como hablas, como te expresas y tus antecedentes te favorecen o te perjudican, a mí me favorecieron. El día que entré lo único que quería era comer, porque tenía mucha hambre y le digo a alguien: oiga quiero comer y me dice: parece que allá afuera están tus familiares, les vamos a decir. Mi tía me compró un cuarto pollo con papas y me lo devoré.

¿Cómo fue cuando entraste?

Me mostraron cuchillo, ven pa’ ca’ pu’ chuncho, porque todavía tenía la camiseta, después me la quitaron, porque era original. Qué iba hacer si me mostraron la cuchilla.

Empezaron los días y no entendía nada. Ahí todo lo hacen por conveniencia y yo pensé por qué serán tan buena onda conmigo si ni me conocen y me pusieron “molotov” porque les dije la razón de mi detención.

Aunque les insistí que era inocente, saltó el cabrón de la pieza y me dice: “aquí no hay inocentes, todos somos bandidos, todos somos locos y tenis que decirles a todos que querías quemar a los pacos y que eres loco y choro”, tenía que hacerlo porque no podía ser inocente en esa pieza.

¿Cuántos dormían en esa pieza?

Éramos 15 personas en un lugar de 5×3 metros. Había camarotes, pero yo dormí en el suelo, no tenía privilegios, era primerizo. De hecho, dormía donde orinaban, en un tarro, pero yo nunca lo hice.

Un interno me dice si quería llamar, yo me sé de memoria los números de mi hermana y de mi mamá, tuve que pasarle cinco lucas por la llamada.

Llamé a mi hermana y ella estaba llorando, ahí recién me quebré y le dije sácame de acá, haz lo posible y ella me responde que viene viajando desde Concepción.  Pensé que estaría siete días, no más que eso, al tercer día estaba más que ilusionado de salir. Ese no era mi lugar, nunca había dormido así, con un tipo al lado…

Empezaron a pasar los días y no me sacaban, porque creo que al séptimo día ratificaron mi prisión preventiva, lo vi cuando salí, porque cuando estaba dentro no me lo dijeron nunca. También para qué, me iba a sentir más mal.

Al otro día, el jueves, tuve visita. Entró mi madre y se puso a llorar de una y yo no podía, porque ahí no te dejan, no puedes demostrar tus sentimientos.

Yo en la ducha lloraba y votaba todo lo que tenía dentro.

No asimilaba donde estaba… empezaron a pasar los días y vi peleas dentro de la cárcel, estuve cuando mataron a un tipo, lo atravesaron con un cuchillo en el corazón.

Nunca había visto algo así y por eso me dio algo en el estómago, tenía una puntada que me hacía doblar. Me llevaron a enfermería y cuando entré, la enfermera me trató mal y le pedí que no lo hiciera que yo no debería estar ahí. Y empezamos a conversar, me dio dos pastillas y me empecé a enderezar y a sentirme mejor.

Justo ese día había visita. Mis hermanas me abrazaron y me besaban porque pensaron que era yo.

¿Cómo eran esos días en la cárcel?

Eternos.

Tu familia debió contratar defensa particular…

Tuvimos que hacerlo, porque el defensor público que me habían asignado les dijo que tenían que pensar que iba a estar preso hasta febrero de 2020, lo que no estábamos dispuestos a vivir. Mis hermanas empezaron a buscar rápidamente abogados y después de tener todo el día entrevistas contrataron a la abogada María Francisca González, de quien estoy muy agradecido, porque hizo todas las gestiones para sacarme y además, porque creyó en mí, en mi inocencia solo hablando conmigo. Fue emocionante eso, porque había hablado con los otros abogados y nunca me creyeron.

A ella llegué por un reo, él me dio su tarjeta, me dijo que era súper buena. Hubo visita entonces se la pasé a mi hermana y le pedí que la llamaran.

Cuando hablaron con ella, mi familia supo que me debía defender. Sentí una emoción muy grande cuando dijo que seguiría conmigo hasta el último minuto.

¿Cuándo te avisan que saldrás de la cárcel?

Fue un día jueves. Mi madre fue a la última visita, con mi hermana Claudia.

Ahí me dijeron que estaba casi listo. En la noche, como a las once, siento las puertas y llega el gendarme a decirme que al otro día iría al tribunal. Fue una emoción muy grande que no me podía quedar dormido, recién lo logré como a las tres de la mañana y a las seis ya estaba despierto otra vez. Arreglé mis cosas, toda mi ropa doblada, limpié mis zapatillas, quería echarme perfume, porque soy fanático, y como allá no hay me puse Poet, para oler a algo.

Al otro día nos revisaron, nos pusieron las esposas y grilletes, éramos siete los que íbamos al tribunal de Garantía. Me llamaron de los primeros, qué emoción y la sala estaba llena de gente y afuera los que me apoyaban con el bombo cantando mi nombre.

Cuando el juez dijo que se levantaba mi prisión preventiva fue de profunda emoción, pero no lloré, estaba muy contenido. Pero después me dicen que no quedaba en libertad inmediata, porque la Fiscalía había apelado.

Me devolvieron a la cárcel. Fue terrible. A dormir otra noche más y no tenía nada, porque había regalado todo el día anterior, hasta las monedas que tenía, eran como cinco mil pesos.

El sábado me conseguí dos mil pesos para llamar y saber qué pasaba con mi caso. Me fui a la pieza y le conseguí a uno de los que me hice cercano los pantalones, un polerón y las zapatillas con las que salí.

¿Cómo fue dejar la cárcel?

A las dos de la tarde recién me dieron la libertad. Pero tuve que esperar que llegara un correo de confirmación, estuve toda esa mañana molestando a los gendarmes, de la pieza a la oficina del alcaide, preguntando, después ya fue broma, como un chiste tantas veces que fui a ver si llegaba.

Cuando llegó mi libertad fue tan emocionante, que no sé qué firmé. Y cuando ya me iba todos comenzaron a gritar, es como un ritual que tienen, para que no volviera.

Me pasaron mi carnet de identidad y salí, los colores los vi más nítidos, porque dentro de la cárcel siempre estás en sombra. Granaderos se parecía a la Alameda.

¿Cuál fue el hecho clave que permitió que tu defensa lograra sacarte de la cárcel?

Hubo un testigo que vio la supuesta caja de bombas molotov cerca de un estacionamiento, del que nunca estuve cerca y también otro testimonio, de una persona que me vio y estuvo conmigo en la marcha, aclarando que yo no estuve con esas bombas.

Al final ¿qué pasó con tu caso?

Cuando salí de la cárcel quedé con arresto domiciliario nocturno, que duró hasta el 7 de enero y en junio me informaron que no perseveraron más, porque además no llegó ninguna prueba en mi contra.

Se cumple un año de las manifestaciones y de tu detención ¿Qué aprendizajes sacas de todo lo vivido?

Bastantes. Porque fue muy fuerte lo que me pasó. Yo protesté por el sistema, porque no es bueno ni igualitario, pero ahora iría con más cautela, menos euforia.

Además, rescato el hecho que tuve mucho apoyo en todo momento y en cuanto a las marchas, que hay que seguir luchando, porque se ha conseguido muy poco.

Acá quiero extender los agradecimientos a todas las personas que ayudaron a mi familia, que estuvieron conmigo durante esos días y que siempre creyeron en mí.

A Francisca, la gente de la U, colegas, amigos y las personas que testificaron a mi favor, ellos fueron clave para demostrar que todo era un montaje …

A mi mamá, hermanas y papá que sé que siempre estuvieron ahí, a mi lado.

A partir de tu experiencia ¿qué consejo le darías a los jóvenes que probablemente comiencen a manifestarse?

Que sigan con las marchas y en la lucha, pero con mucho cuidado, porque a cualquiera le puede pasar lo que me ocurrió a mí. Han sido muchos los montajes que han existido y es probable que sigan. Es lamentable que sigan habiendo caídos en las manifestaciones, pero será así porque Carabineros es muy violento, si uno le hace algo ellos te muelen, si le tiras una piedra, ellos te devuelven una roca. Pero no hay que tenerles miedo.

Los niños y los estudiantes son decididos a morir, lo que tiene pro y contras. Porque la causa es muy buena, pero pueden ser víctimas de estos montajes.

¿Crees que algo se ganó con todas estas protestas?

El respeto por la gente. Ya no se le puede pisotear como antes, porque Chile despertó y ya no nos vamos a quedar dormidos, no seremos pisoteados. Si una persona hace algo, como los asesinatos a las mujeres, hay protestas para que se haga justicia. Solo así conseguiremos un país mejor.  

En el 73 no se podía protestar, pero ahora sí.  Y este 25 ganaremos el plebiscito. El primer gran paso como país.

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